jueves, 6 de diciembre de 2012

Ser religioso te ayuda a ahorrar.


A veces me sorprendo escondiéndome dinero a mi misma. Intento dejar la mente en blanco por unos segundos y, si el resultado es óptimo, para cuando vuelvo en mí no tengo conciencia de lo acontecido. Es una técnica que, a base de entrenarla, va sumando efectividad; no obstante requiere muchos años de experiencia.
He perdido varias tarjetas de crédito así, aunque ahora he descubierto que empleo menos energía en olvidar la contraseña.

Así es, me hago trampas para ahorrar.

Pero últimamente, con las vacas flacas mugiendo de hambre en mi oreja, ando bastante avispada (o avacada) con el tema monetario y estos truquillos ya no me funcionan, -o al menos con el dinero que tengo en casa, ya que he perdido la tarjeta otra vez.-

Y aquí llega lo peor:
Tengo una lista de morosos con mi nombre.

Me explico: 
Tengo dos “huchas”, una es la de ahorrar y otra la de gastar -si lees “huchas” es porque no guardo el dinero en algo tan obvio como tal, no me gustan las obviedades.-
En la de ahorrar, guardo el dinero para utilizarlo como colchón económico. Esto implica no gastarse el dinero en caprichos pasajeros, como comprar ropa, sino en reservarlo para un evento especial, como un regalo especial o un viaje.
La otra “hucha”, la de gastar, si que abarca ciertos antojos, pero en estos momentos está en números rojos.

Entonces yo, que soy o muy picarona o muy retraca (derechos de la palabra “retraca” cedidos por Rubén Maldonado) hago lo siguiente:
Sustraigo dinero de mi “hucha” de ahorrar y me escribo una nota a mi misma, que introduzco en la “hucha” de gastar. Una nota del estilo de <<Me debo 50 €>>.

Por supuesto, económicamente esto es un estrepitoso fracaso. Nunca me devuelvo el dinero, supongo que no me impongo tanto a mí misma como para hacerlo. Soy morosa de mi misma y, aunque no soy para nada agarrada, me escribo notas así para alborotar mi conciencia. Un poco ridículo, ¿Verdad? Pues hace años funcionaba.

Y es que cuando aún era una niña, mi abuela, que vivía conmigo y era muy creyente, me llenaba la habitación de vírgenes: Estampitas, estatuillas, figurines…
Yo iba a un colegio de curas, pero por si no fuera suficiente, ella se encargaba de inculcarme todos sus valores religiosos como podía. 
Por entonces yo era joven e inocente, pero ya recibía propinas. Y es que desde pequeña una tiene sus gastos y necesita dinero, bien sea para chuches o para cromos. Así que por entonces, que ya tenía dos huchas, nombré a la de ahorrar “hucha de la virgen María”. Y cuando sacaba dinero injustificado de ahí escribía “María, te debo 100 pesetas”.

Os aseguro que no había huevos a no devolvérselas.



lunes, 29 de octubre de 2012

Fábula del toxicómano y el ratoncito Pérez

"A diente regalado no le mires el caballo", dijo el toxicómano mientras extendía el brazo en el que portaba su incisivo negruzco.

Entonces el ratoncito Pérez le escupió en la cara, se giró y desapareció. No quiso guardar su diente, ni mucho menos regalarle nada a cambio. Tenía demasiados prejuicios como para comprender que no todo el mundo tiene un empleo, una ratita presumida y una rodaja de queso que llevarse a la boca.

Al menos eso es lo que me explicó el toxicómano cuando vi al ratón enjaulado, tal vez para justificar por qué había condenado al roedor a girar por una rueda hasta el fin de sus días.

A diente regalado, no le mires el caballo

domingo, 23 de septiembre de 2012

Con lo que tú y yo hemos sido


Hoy me sabe la boca a todas las despedidas del mundo.

Diría que es mi último día en la tierra pero, aún en esta coordenada de la vida, recelo del camino fácil.

No sé si es justo ni si se veía venir, pero eso no es algo que me importe.

Estoy tan de vuelta de todo, que el nudo que enredaba la boca de mi estómago ha ido enmarañándose más y más. Trémula espero. Se hace tan difícil respirar sin sufrir…

Hoy ha llovido pero no ha salido el arco iris,
y no dejo de repetirme: “Con lo que tú y yo hemos sido…”

Me siento ausente y vulnerable. Como un gorrión a pie de asfalto. Como la nota desafinada de una melodía mediocre. Como una habitación vacía, sin más compañía que el polvo, que va velándola más y más hasta hacerla desaparecer del mundo de lo tangible.

No sé si comienza en mi pecho o si es allí donde culmina después de recorrerme. La agonía es un orgasmo triste y eterno.

Podría tratar de tranquilizarme. Podría hacer todo lo posible por evadirme, podría incluso animarme momentáneamente… Pero lo único que deseo es abusar de este momento hasta que el dolor se desgaste.

Y apago el teléfono...
No estoy para nada más.



domingo, 5 de agosto de 2012

Dubên, el Niño Grano


Ésta es la historia de un rebelde varón de corta edad a quien, antes de su altercado con el azar, todo el mundo llamaba Dubên.

El niño no pasaba un solo día sin cometer alguna trastada, y sus progenitores estaban más que hartos de sus travesuras:

- ¡Dubên, recoge los telares!
- ¡Dubên, a tu cuarto! 
- ¡Dubên! ¡Dubên! ¡Dubêêêêên!

Pese a las regañinas, no había manera de enderezar al chiquillo. Llegado el buen tiempo y con el propósito de evitarse disgustos, los padres del joven tomaron la determinación de castigarle sin salir, cerrando con llave la verja exterior de la finca en la que vivían.


Una calurosa tarde de estío el pequeño volvió a hacer de las suyas, esta vez en el jardín. Había estado jugando al fútbol él solo, ya que estaba aislado en el perímetro del inmueble. Como portería tomó las dos grandes tomateras que su padre cuidaba con tanto ahínco, con tan mala suerte que, al final de la jornada, las zabarceras temblaban desnudas mientras que los tomates, arrugados por los golpes, tragaban la tierra del huerto.

Cuando Dubên llamó al timbre para recogerse, su padre, que se olía una nueva fechoría, observó por la cristalera del hall. Pese a que ya había anochecido, pudo divisar el desastre. Borracho de ira, se negó a abrirle la puerta, obligando a su hijo a pasar la noche en el jardín.

Dubên murmuraba blasfemias mientras pataleaba. Finalmente, ante el aburrimiento, se tumbó sobre unos helechos y miró las estrellas. Por un momento olvidó todo lo sucedido y sintió una paz muy profunda.



Los pájaros parecían piar cada vez más fuerte y los rayos del sol actuaban como dos pinzas expertas en abrir los párpados móviles. El joven se sorprendió rascándose el brazo antes de tomar consciencia de que había pasado la noche en el jardín y por fin había despertado. Observó el foco del picor y se sobresaltó. Para cerciorarse de que lo que veía no era ficción, comparó sus extremidades: en efecto, su brazo izquierdo se había inflado ampulosamente, y la sensación de prurito se entremezclaba con un dolor agudo.

Dubên se rascaba una y otra vez, y la hinchazón iba tomando forma de zepelín. La fricción de sus uñas contra su brazo tenía el mismo efecto que una bomba de aire en contacto con la boquilla de un balón de playa. La protuberancia engordaba a la velocidad de la luz, y su dueño no hacía nada por remediarlo. Terminado el castigo, Dubên había pasado a ser un bulto enorme y rojizo. Los demás niños le apodaron Niño Grano. Le trataban como si estuviera infectado, se burlaban de él a sus espaldas y huían cuando estaba presente. La autoestima del chaval, que ya estaba muy baja a causa de la extraña enfermedad, terminó de decaer.



A pesar de haber sido indultado por sus predecesores, ya casi no salía de casa. Hasta que un día apareció la bonita Tracy curioseando por la verja del jardín, y lo vio tan infladito que se acordó de su perrita embarazada. Tracy le pidió que saliera a jugar. Entonces él, feliz por haber encontrado a alguien que no mostraba síntomas de asco ante su presencia, salió a la calle. Tracy corrió a abrazar a Niño Grano tal y como hacía con su perra, y entonces… Lo esplotó.

Dubên murió. Pero acto seguido, el pus se filtró por la piel de la niña y el chiquillo se reencarnó en una parte de Tracy, quien fue inflándose hasta convertirse en la nueva Niña Grano. Ella, asustada y vanidosa, no podía permitirse vivir con aquello en el cuerpo. Sin pensarlo, trató de explotarse la magistral abolladura. Lo consiguió, pero en el momento en el que la viscosa secreción comenzó a supurar por el forúnculo, los Dubênes se multiplicaron por todo su cuerpo, convirtiéndola en una verdadera repugnancia de mujer.



Y esta es la razón por la que no hay que explotarse las espinillas. La maldición de Dubên está presente en cada poro de tu piel, y no dudará en transformarte en el próximo Niño Grano si te excedes con tus travesuras.

***

FIN

miércoles, 18 de julio de 2012

Con dos pezones

Toda la sala observa mi cuerpo desnudo. Algunas me señalan y se carcajean, las de un grupito lanzan extraños improperios, otras se limitan a mirar estupefactas.

¿Sabéis cuál es esa embarazosa pesadilla en la que te encuentras desnuda y rodeada de un montón de gente? Pues en este caso no se trata de un mal sueño.

Vergüenza, humillación, parálisis...
- ¿Os habéis fijado en sus tetas...?
- Eso son... ¿Pezones?
- Oh Dios, ¡Encima tiene dos!


Sus comentarios me desconciertan aún más. Bajo tímidamente la mirada hacia mi pecho... Sigo desnuda pero, salvo por eso, todo parece estar en orden.

Paris Hilton se hace hueco entre la muchedumbre. Me mira indignada, pero solo con su ojo bueno. El otro siempre mira a Cuenca.
- Parece que alguien no ha leído las bases para ingresar en mi reallity show. Quedas descalificada. Y si buscas mi opinión, eres patética.


El plató se llena de maliciosas risotadas. Estoy perpleja y no entiendo nada... En estos momentos solo trato de recoger mi ropa y escabullirme cuanto antes.

Uno/a de los participantes del casting, el travesti, me susurra cuando paso por su lado:
- Yo soy un hombre, pero tú... Tú eres siniestra. ¿Cómo se te ocurre presentarte al BFF de Paris sin ser una Barbie?

¡...Era eso!
 Ahora entiendo todo. Las Barbies... Las Barbies no tienen pezones.



¿Cómo no he caído antes? ¡Qué idiota he sido al pensar que era una más...! 
Yo solo soy una fake adoptada, una Nancy de marcadillo, un extraño ser de carne y hueso entre tantos cerebros de plástico. Una Barbietúrica Bizarra sin pedigrí.


Necesito doblar mi medicación. ¡Urgente! Un buen chute de barbitúricos vía intravenosa...
No, no será suficiente...
Estoy pensando cometer una locura...

Voy a resetearme.

viernes, 6 de julio de 2012

Barbietúrica en el show de Paris Hilton

¡Estoy super, mega, giga, tera ilusionada!
Ufff, es todo tan genial que no me lo creo. I go to call my best friend right now!
- ¿Está Ansiolítica?
- ¡Barbietúrica!
- Ansio tía, necesito que me vengas a buscar con el coche en media hora. No te lo vas a creer. Muy fuerte...
- Ok, ahora voy, pero... Tell me, please!

La Ansio está que se come las uñas postizas de la envidia. Y no es para menos...
¡Voy a conocer a Paris Hilton!

Paris es para mi un modelo a seguir... Y de hecho la sigo en todo: En Facebook, Twitter, Tuenti, Likedin, Google +, Vimeo, Youtube, MySpace... Además, redacto diariamente los contenidos de sus páginas de fans con toda la información que extraigo de la Cuore y de su Official Website.
*** I <3 PARIS ***

Ya se ve desde la ventana el escarabajo amarillo Power Ranger de la Ansio. Se le reconoce desde lejos porque está tuneado con pegatinas de flores, es tan vintage... Me encantan los coches retro. Cuando me saque el carnet me compraré un Rolls Royce con tapizado de cebra, tope sexy.
Bueno, me bajo, que a la pobre siempre le hago esperar. ¡Ahora sigo escribiendo y os cuento con mayor detenimiento!

Barbietúrica desde Android:
Ya estoy en el coche de ésta. ¡Qué nervios! Resulta que hace meses le envié un correo a Paris Hilton y varios mensajes privados a todas las redes sociales donde la tengo agregada. ¡Y por fin me ha respondido! Me ha dicho que, si realmente estoy interesada en participar en su reallity show, acuda hoy al casting a las 19:00 horas. ¡Allá voy! Ya hemos llegado, ahora os sigo contado.


Mansión PH
Beverly Hills

¡Me acaba de dar dos besos! Su casa es increíble, todo muy Hello Kitty. Y tiene un chihuahua divinísimo.
Comienza el casting... ¡Deseadme suerte!
Paris está hablando.

- Bienvenidas a mi mansión, Barbies. Una de vosotras será my Best Friend Forever al finalizar la temporada. Pero, como sois casi quinientas participantes, tengo que seleccionar... La primera prueba será algo que todas las chicas hacemos en la toilette.

Ay mi madre, ¿Qué será? En el baño... Espero que no sea nada de hacer caca, desde que me quité los Activia de la dieta estoy mazo estreñida. La travesti de mi derecha me está contagiando su risa nerviosa... ¡Ji ji ji ji, como me sudan las manos! Presiento que este es el principio de un gran cambio en mi vida.

- Come on, girls... ¡A comparar tetas!

¿Qué? ¿La prueba del casting es comprar tetas? ¡Yo la primera!
¡Quita travesti! ¡Y tú oxigenada, no me empujes!
Blusa fuera, Wonderbrá off. 




 Pero... ¿Qué pasa? ¿Por qué todas me miran así? No entiendo nada...

domingo, 10 de junio de 2012

Barbietúrica en la consulta del Dr. House

- ¡No puede ser! -me dije a mi misma en cuanto oí el latigazo del látex.-
- Tenemos que solucionar esto cuanto antes. Iremos a un médico, pero no a un médico cualquiera... Iremos al Dr. House. Así mi caso saldrá en televisión y tendré más posibilidades de participar en el reallity 'My New BFF (Best Friend Forever)' de mi adorada Paris Hilton.

Y allí que fuimos. Había al menos siete personas en la sala de espera, entre ellos una embarazada, un anciano que no dejaba de rascarse la entrepierna y una niña de unos tres años que vomitaba como una posesa. Pero como yo soy una diva, entré a la consulta del tirón.

El Dr. House estaba tumbado en la camilla jugando con su PDA. Alzó la vista y me preguntó
- Señorita... ¿Nadie le ha enseñado a llamar antes de abrir la puerta?
Entonces le expliqué lo sucedido y el por qué de mi urgencia. Sucedió así:


House clavó sus pupilas color jeans desteñidos del Bershka en mi vibrator de última generación, que corre, salta, vuela y dice 'I love you' cuando lo achuchas.

Entonces llamó a una tal Doctora Jennifer Morrison, la despidió delante de mis narices y acto seguido trató de convencerme para que firmase un contrato de trabajo. Pero aún no sé si aceptarlo o no, tengo que pensármelo muy bien porque, ahora que he salido en TV, quiero estar disponible por si Paris me pidiera que participe en su show.

¡Por favor, qué hago!
¿Firmo o no firmo?