domingo, 23 de septiembre de 2012

Con lo que tú y yo hemos sido


Hoy me sabe la boca a todas las despedidas del mundo.

Diría que es mi último día en la tierra pero, aún en esta coordenada de la vida, recelo del camino fácil.

No sé si es justo ni si se veía venir, pero eso no es algo que me importe.

Estoy tan de vuelta de todo, que el nudo que enredaba la boca de mi estómago ha ido enmarañándose más y más. Trémula espero. Se hace tan difícil respirar sin sufrir…

Hoy ha llovido pero no ha salido el arco iris,
y no dejo de repetirme: “Con lo que tú y yo hemos sido…”

Me siento ausente y vulnerable. Como un gorrión a pie de asfalto. Como la nota desafinada de una melodía mediocre. Como una habitación vacía, sin más compañía que el polvo, que va velándola más y más hasta hacerla desaparecer del mundo de lo tangible.

No sé si comienza en mi pecho o si es allí donde culmina después de recorrerme. La agonía es un orgasmo triste y eterno.

Podría tratar de tranquilizarme. Podría hacer todo lo posible por evadirme, podría incluso animarme momentáneamente… Pero lo único que deseo es abusar de este momento hasta que el dolor se desgaste.

Y apago el teléfono...
No estoy para nada más.