"A diente regalado no le mires el caballo", dijo el toxicómano mientras extendía el brazo en el que portaba su incisivo negruzco.
Entonces el ratoncito Pérez le escupió en la cara, se giró y desapareció. No quiso guardar su diente, ni mucho menos regalarle nada a cambio. Tenía demasiados prejuicios como para comprender que no todo el mundo tiene un empleo, una ratita presumida y una rodaja de queso que llevarse a la boca.
Al menos eso es lo que me explicó el toxicómano cuando vi al ratón enjaulado, tal vez para justificar por qué había condenado al roedor a girar por una rueda hasta el fin de sus días.
Entonces el ratoncito Pérez le escupió en la cara, se giró y desapareció. No quiso guardar su diente, ni mucho menos regalarle nada a cambio. Tenía demasiados prejuicios como para comprender que no todo el mundo tiene un empleo, una ratita presumida y una rodaja de queso que llevarse a la boca.
Al menos eso es lo que me explicó el toxicómano cuando vi al ratón enjaulado, tal vez para justificar por qué había condenado al roedor a girar por una rueda hasta el fin de sus días.
![]() |
| A diente regalado, no le mires el caballo |
