Supongo que no.
Supongo que no estoy inspirada.
Supongo que no me siento especialmente lúcida.
Supongo que no quiero hablar de un tema en concreto
y supongo también que este texto no va dirigido a ti -al menos no de una forma directa-.
Pero ahora, te toca suponer a ti.
Supón que sí.
Supón que has llegado hasta aquí leyendo.
Supón que esperas que tu lectura merezca la pena.
Supón que deseas algún tipo de referencia hacia tu persona
y supón también que deseas un final que no te deje indiferente.
Adelante.
Érase una vez, o dos, o tres...
Un par de amiguitos: Supongo y Supón.
Supongo era un exótico mango, y Supón un picaresco y acidillo limón.
Supongo tocaba el bongo, y Supón tocaba el trombón.
Se conocieron en una cesta de frutas y formaron un grupo de jazz-percusión.
Supongo y Supón eran la alegría de la huerta: Legumbres y hortalizas zarandeaban sus cuerpos todas las noches de concierto, y al finalizar la velada, se lanzaban como locas al escenario. Y es que cuenta la leyenda popular, que cuando los humanos consideran horrenda una actuación, hacen todo lo posible para que el artista reciba una lluvia de tomates y demás hortalizas; pero en la cultura vegetal, es conocido por todos que el lanzamiento de estos hijos de la tierra es la mayor demostración de gratitud que tiene el público.
Pese al éxito del dúo, sucedió que un día Supongo se empezó a cansar de que Supón siempre supusiera que sí, y a su vez Supón se cansó de que Supongo siempre supusiera que no. Y cuando uno tocaba trombón, el otro se negaba a tocar el bongo; Y cuando el bongo estaba sonando, el limón se tapaba los oídos con sus pepitas.
Las hortalizas y las legumbres, cansadas de la falta de compenetración de los componentes del grupo y de las consecuentes deficiencias acústicas originadas, se anclaron a la tierra como estatuas y les abuchearon en silencio desde allí, esperando que, ante su pasividad, las dos frutas se cercioraran de su fracaso y se retiraran del panorama musical.
Entonces Supongo supuso que no quería seguir con el grupo, y Supón supuso que sí, que sería lo mejor dejarlo. Por una vez en la vida se pusieron de acuerdo, porque aunque Supongo supuso que no y Supón supuso que sí, los dos supusieron cosas diferentes que les llevaron a una solución común.
FIN
Supongo que no te ha gustado este cuento, o que no has entendido nada,
pero ahora te vuelve a tocar suponer a ti.
Supón que sí. Aunque no me des la razón, supón que sí.
Total, la vida es una macedonia y estamos en el mismo bol.
¿Para qué discutir y llevarnos la contraria pudiendo camuflar la verdad o cambiar de tema?