Estoy buscando el modo de salvarte, pero no quiero que nadie se entere.
Quisiera ayudarte sin que nadie lo sepa, ni tan siquiera tú; que tu situación fluctúe en un silencio limpio y perfecto, y no necesites nada más para sentirte acompañado.
Porque el silencio no es soledad, sino pureza y limpieza de espíritu.
Las palabras nos contaminan. Con las palabra se miente, pero con los hechos no. Por ello quisiera ayudarte sin emitir ni una sola palabra, y solo moveré la boca para sonreírte cuando lo hayas logrado, y solo podrás escuchar el sonido de esa sonrisa cuando llegue el momento, ese sonido suave y casi imperceptible de un suspiro atravesando unos labios que se curvan.
Y de ese modo, aunque te empuje en el camino a la felicidad, el mérito solo será tuyo;
depende de ti.
Déjate ayudar y no me digas nada, yo tampoco lo haré -no será necesario-
Pero aunque ni una sola sílaba corte el aire... Acuérdate de escuchar.
¿Te has preguntado si quiere que le salves?
ResponderEliminarLo está pidiendo a gritos. Aunque tal vez todo sea una farsa, como el victimismo está de moda...
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